Jaisalmer, el desierto del Thar era uno de los enclaves que había elegido para visitar, permanecer alojado en la caseta de un campamento en medio de las dunas, era una muy atrayente idea.
Al parecer, yo era el único cliente de todo el complejo... y eso me gustaba aún más.
La tienda, era bastante confortable y con todas las necesidades mínimas a cubierto, lo primero un buen baño refrescante y luego reorganizar el equipo y las notas de viaje.
Al anochecer me acerqué hasta otro campamento cercano, donde si que habían otros viajeros hospedados y disfrute de un pequeño espectáculo de música y danzas de la región.Aunque, lo mejor vino al anochecer cuando de regreso a mi tienda, pude disfrutar de la quietud de la noche del desierto, solo se percibía el sonido del viento y la luz de las estrellas.
La tienda, era bastante acogedora y hasta tenía baño, aunque para ducharme tenía que usar una vez más, el acostumbrado sistema de cubos y barreños, que se pueden ver al fondo de la imágen.
Me senté en una de las sillas dispuestas en el exterior de la tienda y allí permanecí un buen rato, la sensación de calma era absoluta, ningún otro ser humano alrededor, estaba solo con la naturaleza... había valido la pena el esfuerzo de llegar hasta aquel recóndito paisaje del Planeta.
Una imagen de la tienda desde el exterior... impulsado por el celo profesional y documental, decidí romper el instante mágico que estaba viviendo, solo por unos minutos, para emplazar el trípode, ajustar la cámara e inmortalizar la imagen del momento.





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